Aunque su existencia se remonte a un pasado más antiguo, la organización del correo en España se debe a los romanos.
El cursus publicus, como se denominaba, recorría toda la geografía de Hispania a través de una cuidada red de
caminos portando los mensajes para el ejército o los administradores romanos.
Posteriormente, durante la Edad Media, los numerosos reinos en los que se dividió España,
crearon sus propios sistemas de correo. Los mandaderos iban de una corte a otra con los encargos de sus reyes.
También los comerciantes o las instituciones religiosas o universitarias tenían sus propios mensajeros.
La organización postal en España fue transformándose progresivamente con la unificación de los reinos
bajo la monarquía de los Reyes Católicos, con el descubrimiento de América y luego con la ampliación de
territorios en Europa durante el reinado de Carlos I.
Al mismo tiempo, la concesión del privilegio real a la familia Tassis del correo, centralizó en
sus manos todo el orden postal, tanto en España como en Europa. Ellos se encargaron del correo
áulico y, posteriormente, fueron extendiendo el uso de la posta a los particulares. En América,
y por el mismo procedimiento del privilegio real, la concesión de la explotación postal recayó
en la familia Galíndez de Carvajal.
Con el cambio de dinastía a principios del siglo XVIII, el correo dejó de ser una concesión del
monarca para convertirse en una Renta Real. El Secretario de Estado solía desempeñar también el
cargo de Superintendente de la Real Renta de Correos y Postas. El espíritu reformador de la
corona propició cambios sustanciales en la organización del servicio: se mejoraron los caminos reales,
se ofertaron nuevas prestaciones, se racionalizaron las tarifas, se construyó una Casa del Correo
en la madrileña Puerta del Sol y se nombraron los primeros carteros de España.
Durante el XIX, la evolución del servicio postal se convirtió en revolución tras la entronización
del ferrocarril en España, que mejoró y acortó los tiempos de entrega de la correspondencia.
Además, la invención de los sellos de franqueo abarató el servicio y lo extendió a un mayor
número de ciudadanos, llegándose en la segunda mitad del siglo a la entrega de correspondencia
en todos los ayuntamientos del país. La tercera innovación de dicho periodo fue la telegrafía
eléctrica que, por la rapidez que aportó a los mensajes, activó el mundo de la prensa, de los
negocios y del propio Estado.
La centuria de 1900 continuó con la misma tendencia modernizadora. El avión, el automóvil, la
radiotelegrafía, la mecanización de los procesos postales, la racionalización arquitectónica
en los edificios de correos,... Son algunos ejemplos.
Más recientemente, las nuevas tecnologías han crecido y se han consolidado en todos los ámbitos,
en general, y en el de las comunicaciones, en particular. Correos ha respondido a los nuevos
retos incorporando los medios más innovadores a todos los procesos postales, desde los Centros
de Tratamiento Automatizados hasta el empleo de terminales informáticos portátiles por su
personal de reparto, pasando por el lanzamiento de su oficina postal virtual
www.correos.es,
desde la que empresas y particulares pueden contratar desde los servicios postales tradicionales
hasta los creados específicamente para el entorno electrónico.
Todo ello ha permitido a Correos seguir trabajando al servicio de la sociedad, adecuando su marco
jurídico a las disposiciones de la Unión Europea y proyectándose hacia el futuro mediante
prestaciones de calidad y de respeto al entorno medioambiental.